Diario de una pandemia: Aprendiendo a valorar las pequeñas cosas de la vida.

“Seremos enfermeras el año en el que más se ha valorado esta profesión”

Natalia Méndez Grant
Estudiante de Enfermería. CUE San Juan de Dios, Bormujos, Sevilla, España.

Inicia el último Prácticum de la carrera de Enfermería, esa carrera que terminaré en junio de 2020 tras pasar por mis prácticas finales y hacer el famoso trabajo fin de grado. En estas últimas prácticas mi primer servicio era Atención Primaria, aunque nadie se esperaba lo que nos ocurriría a mí y mis compañeros. Todos estábamos al tanto de un nuevo virus que se estaba expandiendo en China, concretamente en Wuhan y que tenía a toda la ciudad confinada. Podías ver las imágenes de una auténtica ciudad fantasma gracias a los drones que sobrevolaban la zona. Sin embargo, nunca pensamos que llegaría a España. Mientras todo se sucedía en Asia, nosotros seguíamos desarrollando nuestras prácticas con normalidad, cuidando de nuestros pacientes. En mi caso, al estar en atención primaria lo que más disfrutaba eran las visitas domiciliarias, ver como vivían esos pacientes o incluso curar heridas que presentaban de operaciones recientes y ver con mis propios ojos como los cuidados enfermeros daban sus frutos. Pero entonces, a principios de marzo de este año recibimos un correo de nuestra universidad: “prácticas suspendidas hasta nuevo aviso por la situación del COVID-19”, literalmente el grupo se revolucionó. Al principio, todos pensamos que serían unos días o unas 2 semanas como mucho, pero entonces se decretó el estado de alarma en España, estábamos ante una pandemia global. En años anteriores habíamos estudiado la diferencia entre pandemia y epidemia, y sobre todo algunas de las que habían tenido lugar en la historia, solo podíamos asentar conocimientos, pero nunca imaginamos que nos tocaría vivir una justo antes de ser oficialmente profesionales. De repente, todo se para, tienes que quedarte en casa, en mi caso, mi padre tenía que seguir trabajando, por lo que aumentaba el riesgo de que  pudiese contagiarse y eso preocupaba mucho en casa, ya que todos tenemos factores de riesgo. A pesar de no tener clases o que asistir a las prácticas, te levantabas por la mañana preocupada, y sin ni si quiera haber desayunado los medios ya estaban bombardeando con todo lo que ocurría en el mundo a causa de este virus. Ya no solo en España, también en países vecinos como Italia y Francia, y posteriormente EEUU. Una pandemia en toda regla. Las cifras de muertos no paraban de subir, mueren cientos de personas al día, los médicos, enfermeros, todo el profesional sanitario hacen lo que pueden por cuidar a todos los contagiados que lo requieren, pero lamentablemente nuestro sistema sanitario no estaba preparado para este virus, ninguno lo estábamos. Sientes frustración al ver como caen agotados, turnos infinitos que realizan y ya no solo los sanitarios, también fuerzas y cuerpos de seguridad del estado, e incluso los reponedores de los supermercados. Muchos se quedan en casa ya que es nuestra forma de luchar contra el virus, pero otros muchos salen a luchar contra él. Pasan los días y el ánimo empieza a bajar. Ves que el confinamiento va para largo, sigue muriendo muchísima gente, y se le suma la añoranza que sientes al no poder ver a tus seres queridos. En este punto debemos agradecer la tecnología que poseemos, con ella podemos al menos ver las caras de los que están lejos, hablar con ellos y eso es un pequeño rayito de luz en todo el día que estas encerrado, aunque nada comparada con un abrazo o incluso verlos en persona. Conforme pasan los días y se va alargando el confinamiento, tu mente empieza a buscar un poco de esperanza entre tanta negatividad. Porque lo que estamos viviendo es un horror, y eso no lo puede negar nadie, pero necesitábamos un poco de alegría, un poco de energía positiva para poder seguir adelante. Entonces aparece la mejor cara de la humanidad. La gente sale a las 20h de la tarde a aplaudir por todos aquellos que luchan en primera línea, ves como caen las redes para llenarse las terrazas, y no solo de aplausos.

Empiezan a difundirse todo tipo de vídeos, artistas profesionales y no profesionales deleitando a sus vecinos con su talento, ya sea tocando música, cantando o incluso haciendo mascarillas para nuestros héroes. Creo que este ha sido el mejor momento de la pandemia, ver como todo el mundo ha salido a ayudar, lo que te da esperanza, en el ser humano aún quedan muchas cosas buenas. Cierto es que en este estado de alarma ha habido muchas personas que no han cumplido las normas, lo que se traduce en comportamientos inadecuados y vergonzosos que nos ponían en riesgo a todos, pero la verdad que a esas personas no quiero ni dedicarles un momento de mi narrativa. Al llevar ya un mes confinados nuestra universidad nos informa de que tendremos una reunión para aclarar como vamos a acabar nuestro último curso, nuestro último año de enfermería. Ninguno queríamos acabar nuestra carrera así, pero este virus arrasó con todo lo que imaginábamos. Nos dan diversas actividades, una de ellas un curso para formarnos sobre el COVID-19. La verdad creo que era de lo mejor, ya que cuando saliésemos como profesionales tendríamos que enfrentarnos a este virus y para ello necesitábamos formarnos. Era incluso en las circunstancias que estábamos y queríamos salir a ayudar a nuestros compañeros. Las actividades que nos mandan nos permiten mantenernos entretenidos, al menos durante un tiempo a lo largo del día. Sin embargo, persisten los sentimientos de añoranza y preocupación hacia tus familiares y amigos, sobre todo los más vulnerables.

A pesar de mantener el contacto con ellos, escucharlos o verlos a través de una videollamada, a todos nos falta algo, y ese algo es el contacto, los besos, los abrazos. Nunca pensé que cosas que tenía todos los días me las pudiesen arrebatar de repente y lo mas importante, nunca pensé que echaría de menos las cosas mas básicas de mi día a día. Poco a poco nos iremos recuperando de todo lo que este virus nos ha ocasionado, pero mientras lo hacemos debemos aprender a convivir con el virus. Han sido muchos los sacrificios que hemos hecho para llegar hasta aquí por lo que no podemos estropearlo todo ahora. Debemos concienciarnos y dar lo mejor de cada uno para salir pronto de esta y sobre todo proteger a nuestros mayores y a aquellos que nos cuidan. Al iniciar 2020, todas mis compañeras y yo celebrábamos que apenas nos quedaban 6 meses para terminar la carrera y ser oficialmente enfermeras, nuestras últimas prácticas, nuestros viajes fin de grado… todo nos lo quitó el virus. Dicen que 2020 es el año de la enfermería, y vaya año. Todas conseguiremos el título en el año de la enfermería, el año en el que realmente se visualizó la importancia de la labor de las enfermeras, y no solo de ellas sino de todos los profesionales sanitarios, y no solo ellos, sino también todas las fuerzas y cuerpos de seguridad del estado y todas aquellas personas que no han parado durante el confinamiento para que a los ciudadanos no nos faltara de nada.

Por ello, creo que este año es de todas esas personas que nos han seguido cuidando durante el estado de alarma, pero debido a mi futura profesión tengo que hacer especial hincapié en las enfermeras y enfermeros. Se ha visto la gran labor que habéis hecho, como mantenían incluso el bienestar de los pacientes por encima de su propio cansancio, como soportaban esos dichosos trajes con una sonrisa bajo las mascarillas, como seguían dando la mano a aquellos que nos dejaban. Solo me queda por decir gracias, aunque creo que nunca será suficiente en comparación con todo lo que han hecho por nosotros. Antes ya estaba segura y orgullosa de mi futura profesión, pero ahora lo estoy muchísimo más. Espero que después de todo esto la gente valore mucho mas lo que tiene y le demos importancia a lo que de verdad necesitamos, y eso se resume en poco: nuestros seres queridos cerca y, sobre todo,sanos. Gracias a todos los profesionales por cuidarnos y por ser un modelo a seguir y gracias a todas aquellas personas, niños y mayores que os habéis quedado en casa.

Cómo citar este documento
Méndez Grant, Natalia. Diario de una pandemia: aprendiendo a valorar las pequeñas cosas de la vida.  Narrativas-Covid. Coviviendo [web en Ciberindex], 16/05/2020. Disponible en: http://www.fundacionindex.com/fi/?page_id=1062

 Volver a Sumario de narrativas
Elabora tu propia narrativa

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *