El cuidado de todos

“¿Cuál es el legado de cuidado que queremos para el futuro?”

Luisa Seco Lozano
Enfermera. Servicio de Nefrología, Hemodiálisis y Diálisis Peritoneal. Hospital General Universitario de Valencia, España.

Me llamo Luisa y soy enfermera de Diálisis Peritoneal. En mi unidad, como en tantas otras de España, el cuidado en diálisis peritoneal ha sido un pionero de la medicina a distancia, la educación en autocuidado y el tratamiento domiciliario. Esta cultura de la educación en autocuidado , muy minoritaria en nuestro país, nos ha hecho muy conscientes de la importancia del cuidado informal y del apoyo social en el tratamiento de la enfermedad renal crónica. Mi percepción es que hasta la llegada de esta pandemia el cuidado no era un tema que preocupara especialmente a la sociedad. Incluso se trataba de un tema que más bien molestaba, en lo que se dio en llamar “la crisis del cuidado”, que no es otra cosa que dejar al descubierto que el cuidado permanece invisibilizado como trabajo y valor social, que tiene género, el femenino, o que el cuidado informal sigue representando el principal recurso de atención que reciben las personas dependientes. En los inicios de la crisis diferentes discursos, teñidos de un inconsciente edadismo, se comunicaba esta creencia autosuficiente de juventud y éxito, ignorando que nuestro país es desde hace tiempo uno de los más envejecidos de Europa y que las enfermedades crónicas, como la enfermedad renal aumenta drásticamente año tras año.

Un estado donde la ayuda a la dependencia está infrafinanciada y descoordinada, con unos servicios sociales escuálidos. Así que los que nos dedicamos a cuidar a mayores y enfermos renales crónicos nos echamos a temblar. Siento que vivimos en una sociedad donde impera la creencia de que los individuos son autosuficientes por sí mismos, siendo esta cualidad sinónimo de una vida buena, de una vida exitosa: juventud, fuerza física, independencia económica…Esta autosuficiencia queda muy lejos de la realidad básica que como seres humanos compartimos que no es otra que el hecho de que somos dependientes de los cuidados de los demás durante todo nuestro ciclo vital. De hecho, somos interdependientes, pues las necesidades de cuidado se alternan durante toda la vida, no sólo entre individuos, sino también entre los entornos, la naturaleza, los recursos energéticos, las ideas y el conocimiento. Las personas que cuidamos en la cronicidad somos muchas; algunas de ellas somos profesionales y muchas son cuidadoras informales bien familiares o no familiares apenas visibilizadas en nuestra sociedad, pero imprescindibles para el cuidado de larga duración, sin ellas el sistema se vendría abajo. Hoy emerge esta realidad con más fuerza que nunca, y nos volvemos conscientes de que si queremos que el cuidado sea cosa de todos ninguna profesión debería tener el monopolio del cuidado, tal como decía Collière, sino apostar por un cuidado que sea asunto común, es decir que nos concierna a todos .No somos héroes, porque cuidar siempre ha sido un acto de vida para permitir la supervivencia de nuestra especie. Y porque dónde hay héroes, también hay villanos.

Al leer la prensa sale a la luz la cara más luminosa del cuidado, sobretodo la ligada a la tecnología, a la sofisticación, a la entrega. Todos los que nos dedicamos a cuidar conocemos también otra cara, menos luminosa, con más necesidad de ser reflexionada. Sabemos que el cuidado es sólo posible en una relación y que se trata de una relación de poder, y también sabemos que en esa relación se puede dar la desatención, la frialdad, el abuso. Esta crisis pone de manifiesto la propuesta de Agustín Domingo acerca de cómo el cuidado que se practica en cualquier sociedad debería ser una responsabilidad comunitaria mantenida por una actitud permanente, no una obligatoriedad ocasional. Esta situación no sólo necesita respuestas científicas, también necesita soluciones sociales y un diálogo comunitario del que emerjan reflexiones éticas acerca del cuidado como un valor social. Como Erickson proponía en su teoría del Ciclo Vital Humano, el cuidado no deja de ser un consenso del grupo o comunidad acerca de lo que significa cuidar, aunque sea ofrecido por una persona individualmente, y es imposible desligarlo de su dimensión temporal, histórica y social.

Necesitamos preguntarnos: ¿cómo queremos vivir, cómo queremos cuidar y ser cuidados? En la dimensión histórica en la que nos encontramos donde mayoritariamente se idealiza una vida basada en el consumo y en el éxito económico cuidar no se percibe como una inversión sino como una carga, un gasto. Tal vez esta crisis sea un espacio para replantearnos qué consideramos que es una vida buena, y ojalá que podamos entre todos considerar como vida buena aquella que propone Paul Ricoeur: “una vida buena con y para los otros en instituciones justas”, donde los otros nos convocan a reconocer nuestra propia vulnerabilidad, a plantearnos cuál es el legado de cuidado que queremos para el futuro y a reivindicar un presente que priorice la importancia de lo humano por encima de lo económico.

Cómo citar este documento
Seco Lozano, Lucía. El cuidado de todos. Narrativas-Covid. Coviviendo [web en Ciberindex], 13/05/2020. Disponible en: http://www.fundacionindex.com/fi/?page_id=1032

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